miércoles, 23 de septiembre de 2015

La Vía del Sureste, 5

                            La Vía del Sureste
Una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela                    

  Artículo 5 
Algunas sugerencias para el camino  
­Andar puede ser uno de los deportes que requiera menos esfuerzo. No obstante, y  dadas las características de la climatología en el Sur y en ambas Mesetas, hay que tomar algunas e importantes precauciones para este camino en verano. Empezar a andar lo más temprano posible, con intención de finalizar la etapa antes del mediodía y completar por la tarde en caso necesario.
El calor es el peor enemigo y hay que tomar medidas en contra de los rayos del sol. Llevar ropas claras, ligeras y transpirables. Zapatillas usadas, livianas y resistentes. Elegir bien los calcetines, ajustados.
Equipaje muy ligero, con lo estrictamente imprescindible, paraguas-sombrilla o chubasquero, algo de comida para el camino, las comidas fuertes se harán al final de etapa. Agua suficiente y algún limón. Pequeño botiquín.
Silencio: El camino no es para hablar, sino para escuchar. Para escuchar a tu interior, a toda la creación que nos rodea. Aunque vayas acompañado, escucha el silencio.
Prisas: El mundo no tiene silencio y le sobran prisas. A Santiago se va despacio, sin aprietos, andando…, a ritmo humano.
Soledad: Tú solo, en el Universo infinito de tu interior, frente al cielo, frente a la tierra, y luego frente al mar.
Esfuerzo: Andar, andar…. El camino, por su naturaleza, no se hace confortablemente. Es bueno perderse en el monte y dormir en el suelo. El espíritu se afina con el esfuerzo, en los alojamientos humildes y en la sobriedad en el comer y en el beber que imponen las circunstancias.
La difusión del proyecto tuvo una excelente respuesta. Fueron muchas las personas que mostraron interés por la exposición de la empresa y acudieron a Tíscar desde varios puntos de la geografía próxima, incluso de Valencia, Madrid y Sevilla. Fue posible formar un grupo de personas con las que se y establecieron una serie de convocatorias periódicas de convivencia de varios días en Tíscar, con el fín de intimar en las relaciones personales para habituarse al traro y darle consistencia al grupo. Especialmente interesante resultaron las marchas de entrenamiento por las distintas zonas del Parque Natural, algo que llamaba enormemente la atención a los convocados, por la belleza y el exotismo de los paisajes.
No queríamos que el tiempo se nos echara encima y nos ganara la batalla. Aún quedaban algunas cuestiones bastantes importantes que ultimar antes de la llegada del día fijado para la salida, que ya había sido establecido definitivamente el día 1 de julio de 1999. Consideramos primordial involucrar en el proyecto a la Cofradía de la Virgen de Tíscar, la cual mostró la mejor predisposición desde el primer momento, cediéndonos los alojamientos del Santuario para las reuniones periódicas de convivencia. Así mismo se hizo cargo del coste económico de 1999 medallas con el anagrama-símbolo de la peregrinación, diseñado por nosotros. Pedimos, precisamente, ese número específico de medallas con el fín de remarcar más esa fecha, que ya considerábamos histórica. Imposible olvidar la colaboración del presidente de la Cofradía, Salvador Sánchez García y de la vicepresidenta, Mari Morata Segura, cuyos apoyos fueron decisivos en aquellos dos años de preparación. 
Teníamos especial interés también en hacer partícipe del acontecimiento al obispo de la diócesis, don Santiago García Aracil. Al menos, contar con su asistencia para presidir el acto de salida. Primero mantuvimos una entrevista con su secretario, José María Damas López y después con él directamente. No conseguimos obtener una seguridad de su presencia debido al consabido y fatídico “imperativo de agenda”.




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jueves, 17 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE, 4

                              La Vía del Sureste
Una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela                    

Artículo 4

Te decía que siguieras leyendo. Sigue leyendo porque, sin duda, ya te habrán surgido algunas preguntas en las que demandas respuestas concretas y precisas.
   ¿Qué? ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Por qué?
   Bueno…, no me abrumes con tantas incógnitas, tranquilízate y sigue leyendo, a todas te voy a responder.

   ¿Qué?
   Bien, pues lo que has leído. Se trata de ir a Santiago de Compostela el próximo Año Santo 1999, en peregrinación; es decir, andando, caminando, o con el medio que quieras; y si lo prefieres (dándole una pincelada de humor) en el conocido “coche de san Fernando: unos ratitos a pe y otros andando”

   ¡Pero…eso es una locura...!

   Bueno…, puede ser. Según como lo mires. Yo lo veo como la cosa más natural del mundo. Es, sencillamente, andar durante cuarenta y cinco días, con algunos descansos intercalados de un día completo. Se trata de cubrir 1.200 kilómetros, aproximadamente. Si echamos números nos sale que tenemos que caminar 8 horas diarias o, lo que es  lo mismo, 30 kilómetros al día. Parece que ya no es tanta locura, máxime si tenemos en cuenta la época del año en que se va a realizar, todo el mes de julio y parte de agosto.  

   ¿Quién?
            Tú, yo..., mucha gente, todo el que quiera. No hay exclusión de ningún tipo, ni por razones de sexo, creencia, o edad. Eso sí, se requiere ser profundamente tolerante y respetuoso con los demás. Hay que tener en cuenta que una marcha de esas características conlleva pasar muchos días de convivencia en grupo, aceptar las diferencias y superar las inevitables dificultades que genera el día a día. 

   ¿Cuándo?
    Como ya he dicho antes, debe ser necesariamente en el año 1.999, último  Año Santo de este siglo. Año Santo es aquel en que la festividad de Santiago apóstol cae en domingo. Puede ser una buena despedida de siglo y de milenio. También se ha pensado que sea en la época estival por varias razones: el período de luz solar diario es mayor, el buen tiempo climatológico y fundamentalmente por el largo período vacacional de la gente que está en la Enseñanza, tanto de alumnos como de profesores. Aunque lo ideal hubiera sido planearlo de tal modo que para el día de Santiago (25 de julio) haber estado en Compostela, pero eso hubiera supuesto partir  antes de finalizar el curso académico.
Considerando todos estos condicionantes, se ha pensado en salir en los tres o cuatro últimos días del mes de junio o el primero de julio. La llegada a Compostela está prevista entre el 10 y  15 de agosto.
        Va a ser realmente algo insólito que marcará un hito en     nuestras vidas

    ¿Cómo?
   Hay gente que lo vamos a hacer con una mochila al hombro y un par de buenos deportivos, con una sonrisa en la cara y el corazón lleno de entusiasmo. Otros ya han anunciado que lo harán en burro. Hay un grupo que lo hará en bicicleta de montaña, en lo que emplearán 15 días. Hay quien va a ir en coche, por vías alternativas, y así nos presarán apoyo. El trayecto más difícil, el de andar con mochila al hombro,  ya se ha diseñado y se han establecido los puntos donde se descansará, pernoctará y lugares de aprovisionamiento. Existen instrucciones más precisas que se darán a conocer más próxima la salida ya que aún queda un año. Algo fundamental es ir preparándose desde ahora mismo; es decir, hay que coger una buena preparación física. Desde ahora nos olvidamos de cualquier medio de transporte que no sean los pies, para callejear, ir al trabajo, etc., y los fines de semana pegarse una buena marcha. Al poco tiempo estarás en plena forma. Mucha gente queda sorprendida de su propia capacidad de aguante.

   ¿Por qué?
    Cada uno tiene su “por qué”. Hay quien le mueve su fe religiosa, ya que peregrinando a Santiago en Año Santo se gana indulgencia plenaria. Hay quien va con fines culturales, ya que los que ofrece el itinerario son enormemente ricos y variados. Hay quien persigue una perfección física e incluso una buena terapia psíquica. 







 











miércoles, 16 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE, 3

                            La Vía del Sureste
Una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela                    

Artículo 3

Todo este resumen informativo que se acaba de exponer en los artículos anteriores, fue fruto de una amplia labor llevada a cabo durante dos años, que comprendió las áreas de documentación, exploración en campo, determinación de etapas, diseños en croquis, designación de lugares para pernoctar, avituallamiento y demás elementos de intendencia. Con todo ello logramos elaborar una “Guía manual del peregrino” en la que se especificaban todos los datos prácticos conseguidos y algunos consejos sumamente importantes para realizar la empresa.  
                           
                                


Paralelamente se llevó a cabo un intenso trabajo de propaganda e información pública, con el fín de dar a conocer la obra a realizar y llamar la atención de posibles participantes. Fuimos invitados a televisión, donde expusimos detalladamente la idea. De la prensa escrita también recibimos una importante colaboración, siendo muchos los comunicados y reportajes que fueron publicados.

                             

Bajo estas líneas se reproduce parte de un artículo publicado en Diario JAEN el 23 de agosto de 1998, del que se han omitido el contenido de algunos aspectos del proyecto, para no ser repetitivo, ya que han sido tratados a lo largo de este relato.
“…No se entiende muy bien a quienes desde el Sur quieren peregrinar a Santiago de Compostela y se van a Roncesvalles, Jaca o Logroño (dirección opuesta) para emprender la marcha. Puede justificarse este hecho si lo que se busca es hacer turismo, en cuyo caso no hay por menos que alabar el gusto, porque el Camino de Santiago es un rosario de monumentos, plenos de reliquias, que la tradición peregrina nos ha legado. En cambio, si nos mueve una motivación religiosa, como siempre ha sido la causa de este milenario transitar, entiendo que solo hay que seguir la línea más recta posible desde nuestra residencia y hacer el itinerario por los caminos que más interesen. Es una buena oportunidad para redescubrir viejos lugares (como es el caso) que nos salen al paso con enormes atractivos culturales, históricos, monumentales, gastronómicos, paisajísticos, ecológicos y de Naturaleza. Es volver a usar viejos caminos, veredas y sendas casi olvidadas de la antigua Mesta. Una empresa enormemente atractiva, cautivadora, para la que se requiere cierto coraje.


                             
         
La idea se deja entrever. Antes  quisiera decirte que la aventura es una delicada rosa con espinas que florece en el corazón de algunas personas;  un acto audaz, comprometido contigo mismo, Son 1.200 kilómetros de fe.
¿Qué joven no tiene en el fondo de su corazón, al menos, un pequeño tinte aventurero? ¿A qué edad se deja de ser joven? Quizá la juventud no la marque necesariamente la edad fisiológica. Quizá se asocie juventud con “empuje” o con ganas de hacer cosas, o se identifique con la madurez y plenitud de facultades que capacita para llevar adelante los más atrevidos proyectos.
A ti, lector o lectora, jiennense o de donde seas, si te pica un poco el gusanillo de la aventura, si tienes ganas de vivir emociones, de probar tus aptitudes de supervivencia, si quieres  introducir en tu vida una faceta nueva; si quieres tener una inolvidable experiencia, distinta y viajera, en contacto con el medio natural. Si quieres cruzar España de sureste a noroeste sin más equipaje que una mochila en la espalda, una sonrisa en la cara y el corazón lleno de amor, te propongo que sigas leyendo.


martes, 15 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE, 2

                            La Vía del Sureste
Una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela 
                   

Artículo 2

Tíscar es un bello paraje de sierra de Quesada, perteneciente al Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, dominado por un castillo, verdadero “nido de águilas”, testigo mudo
del paso de los últimos nazaríes derrotados de Úbeda y Baeza hacia Granada. Está rodeado de lugares tan atractivos como la famosa Cueva del Agua, la torre del infante D. Enrique, las impresionantes aldeas de Don Pedro y Belerda y los innumerables refugios rupestres existentes, que encierra la zona. Los primeros datos históricos de la
ocupación musulmana de Tíscar están fechados en el siglo VIII, cuando las primeras tribus beréberes invaden la Península, destacando ya como importante baluarte. El lugar se fue poblando y amurallado inexpugnablemente, llegando a ser considerado la llave de seguridad del reino nazarita de Granada. En el año 1319 es
conquistado por el infante D. Enrique, hijo de Sancho IV, y por el Arzobispo de Toledo, don Gutierre Gómez, pasando a formar parte del Adelantamiento de Cazorla. Desde la conquista, Tíscar, al igual que los demás pueblos del Adelantamiento, perteneció a la diócesis de Toledo, hasta el año 1954 en el que pasó a
formar parte de la diócesis de Jaén. En ese año, la Virgen de Tíscar es coronada patrona de Quesada y del Adelantamiento de Cazorla, en una ceremonia oficiada por el Arzobispo de Toledo, don Enrique Pla y Deniel y por el obispo de Jaén, don Félix Romero Mengíbar .
Dada la evangelización de estos lugares por los discípulos de Santiago
Apóstol, y por los datos históricos expuestos, desde la Asociación de Amigos del Camino de Santiago “Tíscar” Vía del Sureste, apostamos por la hipótesis de la existencia de una conexión o camino desde Tíscar a Compostela, lógicamente utilizando el trayecto más corto, cuyo trazado vendrá a describir algo parecido a una línea recta, conectando con la Vía de Plata,  probablemente y por razones geográficas,
en un punto que estaría situado entre Aldeanueva del Camino y Baños de Montemayor, al norte de la provincia de Cáceres lindando con la de Salamanca.
No vamos a entrar en disquisiciones en defensa de dicha hipótesis, carente del suficiente rigor histórico por falta de documentación, probablemente desaparecida en las mil y una refriegas de ocupación y reconquista que a lo largo de toda la historia ha sufrido la zona, sin olvidar nuestra última guerra civil. Lo que perseguimos desde esta Asociación es establecer, con la práctica, una comunicación real, actual, propia y original que conduzca a Santiago de Compostela desde el Sureste
de la Península. Entendemos que si la meta está en Santiago lo lógico es seguir una línea lo más recta posible. Quedaremos sorprendidos de las ciudades, pueblos y lugares que une, depositarios de un impresionante patrimonio cultural, histórico, de naturaleza, paisajístico, monumental o gastronómico.
La distancia desde Tíscar
a Baños de Montemayor es de 611,7 kilómetros y consta de 26 etapas. La mayor parte del trazado transcurre por vías pecuarias, caminos y senderos, también por carreteras de asfalto, por lo que el recorrido se puede hacer también en caballería y bicicleta, e incluso hacer un seguimiento motorizado por vías alternativas de rodaje. La ruta se inicia en la provincia de Jaén y pasa por las de Ciudad Real, Badajoz y Cáceres, quedando enlazados lugares cuyos nombres hablan por sí solos: Tíscar, Quesada, Parque Natural de Cazorla-Segura, Úbeda, Baeza, Linares y sus minas, Baños de la Encina, Santuario de la Virgen de la Cabeza, Parque Natural de la Sierra de Andújar, Valle de Alcudia, Reserva del Cíjara, Monasterio de Guadalupe, Monasterio de Yuste, las comarcas de Los Ibores y La Vera, Valle del Jerte, Valle del Ambroz, hasta conectar con la calzada romana de la Vía de Plata. A partir de ésta ya se dispone de amplia información, publicada en diferentes guías, para llegar a Santiago.


lunes, 14 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE, 1

La Vía del Sureste, 1

LAS PEREGRINACONES A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Artículo 1

Un camino hecho
Desde la baja Edad Media arranca la tradición de peregrinar al lugar llamado  Campo de la Estrella, o Compostela,  situado en lo que era conocido como “el fin de la Tierra” (Finis Terrae), donde fue descubierta, en el año 813 por el pastor Pelayo, la tumba del apóstol Santiago el Mayor, evangelizador de la península Ibérica.  Las peregrinaciones procedentes del norte y centro de Europa fueron conformando y consolidando caminos que penetran en España por Roncesvalles y Somport para confluir en Puente la Reina (Navarra) Es el Camino de Santiago, conocido también en la parte española como Camino Francés.
Esta vía fue una arteria con flujo de culturas, aglutinando e introduciendo todo tipo de influencias, convirtiéndose en catalizador del ser europeo. El papa Calixto II en el año 1119 instituyó el jubileo compostelano. Posteriormente el papa Alejandro III, en la Bula del año 1179, estableció de forma definitiva el Año Santo, o año de remisión espiritual en Compostela.  Las peregrinaciones a Santiago congregaban a devotos de todo el orbe cristiano, llegando incluso a superar a las de Roma y Jerusalén. Mientras que los que llegaban a Roma se les llamaban “romeros” y los que iban a Tierra Santa “palmeros”, sólo eran peregrinos quienes iban a Compostela.
Las peregrinaciones a Santiago empiezan a entrar en declive en el siglo XVI como consecuencia de la aparición del protestantismo en Europa y decaen vertiginosamente en los siglos posteriores, encontrándose a principios del siglo XX prácticamente reducidas a la mínima expresión. Es a mediados de ese siglo cuando se inicia una recuperación, favorecida por la proyección de los recursos turísticos impulsados por la Dictadura, llegando en las últimas décadas de siglo a cotas de peregrinos jamás alcanzadas. Destacan especialmente las ocasiones en que se celebra el Año Santo Compostelano, cuando coincide en domingo el día 25 de julio, festividad del Apóstol.  Fue el caso del año de 1999, último Año Santo del siglo XX y también del segundo milenio, ocasión en que se superaron todas las previsiones, que cifraban en diez millones  los peregrinos a Compostela.

Peregrinar a Santiago desde el sur                                                              Desde el sur de la península no se dieron peregrinaciones tan notorias al estar bajo dominio musulmán. Los escasos mozárabes que se arriesgaban lo hacían  utilizando la calzada romana de la Vía de la Plata, la principal vía de comunicación que unía de Sur a Norte la Península y que ha sido la más importante arteria viaria existente hasta el siglo XVIII. Actualmente está siendo utilizada como camino jacobeo, existiendo amplia información sobre la misma, publicada por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago “Vía de la Plata” de Sevilla.
Desde Granada también fue utilizado en las peregrinaciones el camino mozárabe de Córdoba, cruzando el sur de la provincia de Jaén y conectando con la Vía de Plata a la altura de Mérida. Es un camino en parte recuperado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Vía de Plata de Granada del que también tienen una buena información publicada. 

Un camino nuevo

La Vía del Sureste tiene su inicio en la provincia de Jaén

La que actualmente hemos dado en llamar “Vía del Sureste” es un camino nuevo hacia Santiago, que parte del Santuario de la virgen de Tíscar en Quesada (Jaén) y conecta con la conocida calzada romana de  la Vía de la Plata a la altura de Baños de Montemayor, el último pueblo al norte de la provincia de Cáceres lindando con Salamanca. Siguiendo la calzada citada llegaremos hasta Astorga, donde cogeremos el Camino Francés que nos conducirá a Santiago.
El trazado es lo más aproximado a una línea recta, teniendo siempre como referencia a Santiago de Compostela. Se pretende con esta Vía reabrir el camino que debieron seguir los peregrinos mozárabes que se concentraban en Tíscar para venerar a la Virgen.  La elección de este santuario, como inicio de nuestra Vía, obedece a razones históricas y, más aún, por estrategia geográfica dada la relevancia del mismo como el más importante lugar mariano de todo el sureste peninsular.
La antigüedad del culto a la imagen de la virgen María en este lugar se remonta a los primeros años de la era cristiana  (siglo I), al tiempo de los varones apostólicos, atribuyéndose a san Isicio, obispo de la antigua Carcesa (Cazorla), quien trajera la imagen de la Virgen. Desde entonces goza de una gran devoción que se ha mantenido ininterrumpidamente a lo largo de la historia hasta nuestros días. Incluso en la dominación musulmana el culto fue respetado por los ocupantes de la plaza, debido a los sustanciosos tributos que pagaban los cristianos que venían a cumplir sus promesas.





domingo, 13 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE.- Introducción (y III)


                            La Vía del Sureste
Historia de una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela

                                Introducción (y III)

Este era el bagaje filosófico con el que llegué a Tíscar, cuando decidí instalarme en Cazorla y Pozo Alcón, quedando integrado en su mundo maravilloso, abrupto y salvaje, desconocido aún hoy para gran parte de los mortales. Llegué a un lugar donde el ser humano, desde que empezó a tomar conciencia propia y de su entorno, situó el súmmum  de la divinidad, llevado, sin duda, por las alegorías indescriptibles y fantasmagóricas del paisaje. Desde el siglo I ya era venerada la imagen de la virgen de Tíscar en una gruta de la Cueva del Agua, seguramente reemplazando a alguna deidad prehistórica.


El paraje invita al descanso y a la reflexión; algo a lo que no es fácil substraerse, máxime si forma parte del final de una larga jornada de exploración de los innumerables abrigos y oquedades de la zona, algunos de ellos con vestigios rupestres. Fue el caso sucedido, con el que cuento en mi haber, que dio origen al desarrollo de esta historia: Un día 25 de julio, festividad de Santiago apóstol, tras una ajetreada caminata de las de costumbre, sentado en el suelo de la pudorosa plaza de Tíscar, con la espalda apoyada en la pétrea pared del Santuario, contemplaba absorto el impresionante escenario que se abría ante mí. Pasaba por mi mente el pasado de este lugar, con su indescifrable historia en la que caben todo tipo especulaciones. Quise ponerle nombre a una trama todavía no escrita, definida
por tres palabras presentes en ese momento allí: “Tíscar”, “Caminata” y “Santiago”. Era como una incitación, una provocación a ponerlas en movimiento que llenaran de armonía esos tres vocablos. Alguien o algo que bullía dentro de mí me estaba proponiendo un reto; conocedor, sin duda, de mi pasión y, por qué no, de mis posibilidades y afición a lo desconocido y a la aventura. Una idea que acepté e inmediatamente traté de darle forma desde ese mismo instante.
Estábamos en el año 1997, consagrado por la iglesia al Espíritu Santo. La idea acababa de ser concebida, se trataba sencillamente de ir caminando a Santiago de Compostela desde ese mismo lugar: Tíscar. El resultado fue poner manos a la obra, asumir desde el primer momento la conversión de la idea en una realización práctica, plasmar en imágenes reales todo lo que la imaginación daba de sí partiendo de la realidad existente: lugar de salida, lugar de llegada, fechas, tiempos, medios disponibles..., así como analizar la información generada a lo largo de la historia sobre este fascinante flujo peregrino. Así se fraguó el proyecto.

           







   

sábado, 12 de septiembre de 2015

LA VÍA DEL SURESTE.- Introducción (II)

                             La Vía del Sureste
Historia de una peregrinación desde Tíscar a Santiago de Compostela

                                Introducción (II)

Hoy en día proponerse una marcha a pie de mil doscientos kilómetros, en la que se van a invertir unos cincuenta días, se le supone, a quien desee realizarla, un apego y un amor a la Naturaleza no muy comunes. Requiere mentalizarse para asumir un cambio radical de la vida de rutina y un tanto sedentaria; algo que puede causar en el neófito un impacto difícilmente asumible, ya que una adaptación no conseguida del todo puede conducirnos al abandono de los fines propuestos, cuando no a la animadversión de proyectos futuros semejantes. Siempre se ha dicho que “querer es poder” y “poder es querer”, pero no dejan de ser pensamientos que nacen en nuestra psique, cuya veracidad y consecución está a merced del puro convencimiento propio, del cual yo estaba completamente seguro. Se trata de identificarse con la idea: “yo soy yo y mis pensamientos”
Integrarte en un grupo, si no homogéneo, sí lo bastante consolidado como para culminar tal reto requiere, necesariamente, coincidir en la valoración del mundo que te rodea e interpretar de similar manera las influencias que se reciben de él.       
El amor a la Naturaleza ha estado en mí desde las primeras vivencias de la infancia, con la toma de contacto del maravilloso mundo luminoso y colorido, de aquel que ya eres capaz de crear con verdadera conciencia para integrarlo como un sólido  recuerdo. Sería prolijo describir con detalle aquél fascinante mundo que se iba abriendo e incorporando poco a poco en las preferencias del cotidiano vivir. La Naturaleza  me ha ofrecido una vida en plenitud de libertad, algo que lleva implícito una excelente salud, facilita un satisfactorio equilibrio emocional; propicia la realización individual a través de un fortalecimiento, como el que supone desenvolverse en un medio donde es necesario poner a prueba todas tus facultades físicas y mentales; y además conlleva una interiorización en el ser, con sus inevitables reflexiones, que te conducen a pulsaciones de espiritualidad de la más pura y ascética.
Todo tan diferente a la vida de la moderna civilización con su afán de desarrollo. La de la  competitividad profesional y económica, donde impera la rápida convertibilidad material de cualquier concepto; donde los sentimientos más íntimos e inconfesables son catalogados, baremados, clasificados, estratificados e incluidos en una lista de precios. Por todo este desasosiego siempre sentí un natural e innato rechazo desde los primeros años de mi infancia. Quizá nací con esa predisposición y ya lo llevaba en los cromosomas, por lo que en mi código vivencial, como creo que en el de casi todo el mundo, no estaba registrado y contemplaba aquél laberinto del incómodo y rutinario día a día como un mal necesario para la subsistencia, para poder crecer a costa de dejar a un lado apetencias y aspiraciones más pulcras, enriquecedoras y atractivas para henchir y realizar mi ego interior.
Participé en aquella maraña productiva de la que obtuve medios para  poder desenvolverme con una economía suficiente. Pero con cada oportunidad que me salía al paso quedaba fascinado contemplando el medio natural: un inmenso escenario multicolor de mil tonalidades, los olores de una brisa variadamente perfumada, el rumor del viento en las hojas de las encinas, el runruneo del agua de los arroyos, el arrullo de las aves en celo, el gorjeo de miles de parillos de colores, el graznido de los córvidos…Todo ello acompañado del impreciso y volátil eco del paso del tiempo, que revoca en los cortados y en las cárcavas calizas, como sintonía de fondo de un ensordecedor silencio. Con cada ocasión contemplativa revivía en mí con más contundencia aquella pasión que se iba revalorizando a medida que crecía en edad y conciencia. Y con ella maduré quedando macerada con los años en mi ser.