La Vía del Sureste
Una peregrinación desde Tíscar a Santiago de
Compostela
Artículo 7
En
conmemoración de esta efeméride, la Cofradía acuñó una edición numerada de
medallas en forma de concha de vieira, según modelo diseñado por los
peregrinos. En una de sus caras, la convexa, figuraba un relieve de la imagen
de la Virgen de Tíscar, y en la cara cóncava se podía leer la inscripción:
“Primera Peregrinación de Tíscar a Santiago de Compostela, 1999”. Este distintivo
le fue impuesto a cada uno de los peregrinos a lo largo de la ceremonia
religiosa y que después colgaron en la parte posterior de sus mochilas. El vaivén de la insignia, meciéndose al compás
de los pasos, marcaría el ritmo de la peregrinación hasta Santiago de
Compostela. Cargamos con un número de medallas suficiente como para ir
entregando una en cada uno de los lugares donde pernoctamos o nos prestaron
ayuda.
La salida
del templo, al finalizar el oficio religioso, concentró en la plaza de Tíscar a
la totalidad de los asistentes al acto. Nervios, alboroto, júbilo y una gran
impaciencia por iniciar la marcha, fue el origen de que salida fuera un tanto
anárquica, dando origen a la disgregación del conjunto en varios grupos, que
repasaban afanosamente los pertrechos que contenían las mochilas, al tiempo que
colgaba cada cual su medalla, recién entregada, en un lugar bien visible de su
macuto.
El escarpado
paraje serrano y la sobria fachada de piedra del monumento, con su esbelta
espadaña, que lanzaba vigorosa sus campanas al vuelo, formaron ese escenario
imborrable en la memoria de cuantos vivieron tan singular jornada. No faltaron
lágrimas de emoción en la despedida que brotaban espontáneas con los últimos
abrazos del adiós. La televisión regional andaluza no quiso faltar a la cita para
informar del acontecimiento, una labor desempeñada por el redactor Felipe
Pedregosa y un cámara. El informativo de aquel día abrió con el siguiente
titular:
“Un grupo de locos salió hoy desde el
Santuario de la Virgen de Tíscar, en Quesada (Jaén) con la promesa de ir a pie
a Santiago de Compostela. Mil doscientos kilómetros de fe”.






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